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El topónimo Sarrià proviene del nombre Sirriano, que aparece mencionado por primera vez el año 986.
El origen de la municipalidad de Sarrià se puede situar hacia los siglos XIII-XIV.
A finales del siglo XV la población de Sarrià ya era suficientemente significativa.
El núcleo situado en torno a la iglesia existente en las masías de fuera de la villa formaban una sociedad rural que fundamentaba su economía en el rendimiento de la tierra.
Con el tiempo, se fue transformando en una sociedad urbana de masestros artesanos que, con la proliferación de torres y chalets de veraneo (siglos XVI-XVII), adquirió una gran importancia.
A partir de 1850, Sarrià vivió principalmente de las actividades relacionadas con la construcción, y su población, hasta entonces formada por campesinos y artesanos, pasó a tener un núcleo de maestros artesanos importante.
El último tercio del siglo XIX ya se planteó la incorporación a Barcelona, a la que se opuso el municipio Sarrià.
En 1921 se reabrió el expediente de incorporación, a petición del Ayuntamiento de Barcelona.
Fue tramitado con una gran rapidez y, el mismo año, pese a la oposición de los de Sarrià, quedó incorporado a la ciudad por real decreto, y se convertía en el último pueblo del plan en incorporarse a Barcelona.
El Sarrià de hoy combina los rincones donde se puede rememorar con facilidad el antiguo pueblo rural, sobre todo por los alrededores de la calle Mayor de Sarrià, con las zonas modernas y las grandes vías de comunicación.
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